La hostelería

El sector hostelero es, para mi, uno de los sectores más descuidados y menos «honestos» de los últimos tiempos.

En pleno siglo XXI no es de extrañar que halla una multitud de cosas que, por obligación y falta de tiempo, tenemos que dar por hechas. Cosas cómo que por ejemplo, el agua mineral embotellada es, obviamente, potable y saludable. Cómo todo, tiene su parte negativa y en este caso difiere directamente en aquellos productos o servicios que dependen de alguien que se aprovecha de estas costumbres para omitir información, mentir, o no llevar a cabo su trabajo de la manera correcta.

¿Por qué digo esto tan rotundamente?
Soy una persona analítica, a la que le gusta fijarse en el desarrollo e implicación del productor con su producto/servicio y el entorno en el que lo presenta. Debido a esto, no es que vaya buscando la puntilla a todo negocio que me encuentre pero si que, sin querer, acabo descontento en algún aspecto importante casi en todas las ocasiones.

En España actualmente es un sector en el que mucha gente ha invertido por verlo fácil o simplemente por aburrimiento, sin tener vocación ni intención de ofrecer un servicio que merezca la pena. Es triste ver que, habiendo lugares en los que sus trabajadores, el producto que ofrecen y el ambiente que los rodea son excepcionales sin enmascararse de «modernidad» y «glamour»  sean eclipsados muchas veces por negocios basados principalmente en el marketing y la infraestructura, en la rentabilidad del producto, ignorando totalmente todo lo que esto engloba. Así la profesionalidad y la calidad normalmente llega a niveles muy pobres.

Cuántos de nosotros conocemos ese sitio en el que te recibe una persona o equipo de personas profesionales, agradables, a los que queremos ver trabajar desde cerca mientras nos explican el por qué de cada uno de sus movimientos. Esos profesionales que te informan acerca de cada uno de los detalles de sus productos de los que puedas tener alguna duda.

Todo negocio de hostelería debería de tener obligatoriamente unos estándares de calidad y transparencia. Es lógico que la gente no sepa de hostelería si no se dedica a ella al igual que un hostelero no sabe de ebanistería (por decir algo). No es justo que esta situación sea un handicap para el consumidor. Los hosteleros tenemos el deber de conocer perfectamente lo que ofrecemos y de ser sinceros y transparentes con el cliente, de seguir una formación y aplicarla siempre, sin excusas; y el consumidor tiene el derecho de preguntar, exigir y dudar si no se le explica y demuestra en qué se está gastando su dinero.

Junto a esto también está muy extendido en España el hecho de que el camarero «Vale para todo». A esto es a lo que yo le llamo falta de interés y de vocación por la hostelería a la hora de ofrecer un buen servicio. A mi entender, en una cafetería por ejemplo, debe de haber cómo mínimo a nivel servicio al cliente:

  • Encargado
  • Camareros
  • Ayudantes de camarero
  • Barista
  • Limpieza

Esto a modo muy básico. También diría que si de mi dependiera y pensando por ejemplo en horarios de personal, en turnos rotativos para que el empleado no caiga en la monotonía y demás, todos los camareros estarían formados cómo baristas para poder desempeñar todos ese puesto sin problema a parte del encargado, que creo que debe saber acerca de todo lo que sea hace en el negocio que trabaja ya que cualquier error deriva en él. ¿Conocemos muchas cafeterías así?

En pocas palabras les diría a todos que:
– El conformismo y la confianza ciega no son buenos a la hora de ser cliente.
– No se puede tratar a la gente cómo tonta o simplemente no pensar en ella a la hora de ofrecer un servicio de hostelería.

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